Tengo muchos alters a nivel 80 (quizá demasiados para dedicarles tiempo a todos), pero ahora que en verano la cosa no está demasiado activa en cuanto al raideo se refiere y que cuando entro al juego es básicamente para hacer algo de saludable pvp con mi amado brujo badass o mi redescubierto cazador (odiaba hacer pvp con el hunter en la BC, pero me está pareciéndo sorprendentemente interesante ahora, especialmente con una build BM), y viendo que después de 66 niveles el pícaro que estaba subiendo no me llama absolutamente nada la atención (lastima), he empezado a subirme un personaje de forma distinta: haciéndo todas y cada una de las quests que encuentro.
Ya subí así al warlock, mi primer personaje, conociendo el maravilloso lore de la alianza mientras aprendía a jugar al poco de salir la Burning Crusade. Pero después de eso, todos los alters que he ido subiendo lo han hecho “a trompicones” en tanto a que mi propósito era “subir rápido” en lugar de “ver el juego”. Así, con mi primer alter, el hunter, subí a base de rusheos y questeando en la zona que mas experiencia me diese en cada momento, aunque eso implicara dejar cadenas de misiones colgadas por ahí, misiones que en la mayoría de las ocasiones ni siquiera leía. Idem para el DK, mi tercer alter, y casi casi idem también para el paladín, aunque con éste si que “viví” las primeras misiones de los elfos de sangre, hasta el punto de llegar a Exaltado con Tranquillien. En cuanto a los 66 niveles que le he subido al rogue, han sido básicamente haciendo bgs y autorusheandome instances con el paladín, ya que solear quests con un rogue me ha parecido un suplicio mas que otra cosa.
Sin embargo, y como decía, me he propuesto subir un personaje con el objetivo de que sea “Maestro cultural”, de hacer todas las misiones posibles y de empaparme sobre todo del lore de muchas zonas que no había visitado hasta ahora, especialmente las que tienen que ver con la auténtica horda orca. Y por eso, habiendo controlado ya en el juego a humanos, draeneis, elfos de la noche, elfos de sangre y trolls, mi elección ha sido un orco (bueno, una orca mas bien xD). Y la clase, la mas primaria en el juego: guerrero. Me llamaba también el druida, pero la sensación de ir por ahí dando palos con dos hachas gigantes me tiraba mas que convertirme en un gato o un oso. Además, y ya que dejo de lado al rogue, un guerrero es otra opción para conseguir uno de mis grandes deseos secretos y poco menos que imposibles en World of Warcraft, ninjear conseguir las dos Gujas de guerra de Azinoth.
Así que de ahora en adelante os iré hablándo de las peripecias de mi guerrera orco. ¿Tendrá la oportunidad de recorrer todo Azeroth y dejar su huella en Terrallende y Rasganorte antes del regreso de Alamuerte?.
You’ll see…










